Por: Antonio Torres Rodríguez
En la política, como en la física, nada se crea ni se destruye, solo se transforma. Sin embargo, en San Martín Texmelucan, parece que la política también es circular. En las últimas semanas, los pasillos del poder y las redes sociales han sido testigos de un fenómeno: el retorno de figuras que ya ocuparon la silla de la presidencia municipal o escaños legislativos, buscando una nueva oportunidad bajo el sol del presupuesto público.
Este «reciclaje» de perfiles nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos ante una crisis de cuadros nuevos o ante una nostalgia de poder que se niega a soltar el mando?
El regreso de exalcaldes y exfuncionarios a la escena activa de Texmelucan no es solo una cuestión de ambición personal, sino una estrategia de los partidos para apostar por lo «conocido» ante la incertidumbre. Figuras que gobernaron en periodos donde la seguridad aún no era el cáncer que es hoy, o que gestionaron la llegada de grandes centros comerciales, intentan vender una narrativa de «experiencia probada».
Sin embargo, el contraste es inevitable. Quienes regresan se encuentran con un municipio radicalmente más complejo, con un tianguis desbordado y problemas de infraestructura e inseguridad críticas. El argumento central de estos perfiles es que ellos «sí saben cómo hacerlo». Pero el ciudadano texmeluquense tiene memoria.
El retorno de estas figuras trae consigo el rastro de sus gestiones pasadas: Las sombras de auditorías no concluidas o de obras que hoy presentan deterioro son el lastre que acompaña a quienes buscan una segunda o tercera oportunidad. El regreso de viejos conocidos plantea una duda legítima: ¿Vendrán a corregir los vicios de los actuales gobiernos o simplemente a reinstalar sus propias redes de privilegios?
Si los partidos tienen que recurrir a nombres ya conocidos es porque han fallado en construir liderazgos frescos que conecten con la juventud de Texmelucan. Este vacío permite que «los de siempre» se presenten como la única alternativa viable frente al caos.
Lo verdaderamente sorpresivo no es que quieran volver —el poder es adictivo—, sino la rapidez con la que las estructuras partidistas les abren la puerta. Para el ciudadano de a pie, el retorno de estos rostros genera un escepticismo saludable. En las cafeterías de la calle Libertad o en el tianguis, la pregunta es la misma: ¿Qué van a ofrecer hoy que no pudieron cumplir ayer?
San Martín Texmelucan se encuentra en una encrucijada. Que en este municipio poblano la tendencia sea el retroceso a perfiles del pasado es una anomalía que solo el voto informado podrá resolver. El «eterno retorno» de los políticos de siempre solo terminará cuando el ciudadano decida que la experiencia sin integridad es, simplemente, más de lo mismo.







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