El Super Bowl se vende como entretenimiento puro, pero en realidad es una vitrina de poder: cultural, económico y simbólico. Todo lo que aparece ahí comunica algo. Por eso, la presencia de Bad Bunny no fue un simple acto artístico, fue un mensaje político en el escenario más visto del planeta. En un país donde la migración latina es usada como arma electoral, cantar en español frente a millones es, por sí mismo, un acto de resistencia.
Bad Bunny representa a una generación que ya no pide permiso. Su música, su identidad y su discurso colocan a los latinos en el centro de una narrativa que Estados Unidos ha intentado controlar durante décadas. Mientras algunos políticos construyen campañas basadas en el miedo al migrante, la cultura latina domina audiencias, mercados y conversación pública. Esa contradicción quedó expuesta sin necesidad de un solo discurso explícito.
El mensaje incomoda porque señala una verdad que muchos prefieren ignorar: Estados Unidos depende de los migrantes, pero los maltrata. Consume su cultura, pero persigue sus cuerpos. Celebra al latino exitoso, pero criminaliza al trabajador que cruza una frontera buscando sobrevivir. Esa hipocresía estructural se volvió imposible de ocultar cuando el español sonó con fuerza en el evento deportivo más importante del país.
México ocupa un lugar central en esta discusión. Millones de mexicanos sostienen sectores clave de la economía estadounidense mientras enfrentan redadas, discursos de odio y políticas migratorias inhumanas. Bad Bunny no habla solo por Puerto Rico o el Caribe; habla por una región entera cansada de ser útil solo cuando conviene y desechable cuando estorba.
El Super Bowl dejó claro que la cultura también es poder político. Que los latinos ya no están en los márgenes y que su presencia no puede seguir siendo negada ni reprimida. El mensaje fue contundente: pueden intentar cerrar fronteras, pero no pueden silenciar una identidad que ya conquistó el escenario más grande del mundo.
La Caja de Cristal Rota
Por: Antonio Torres Rodríguez Quiero empezar diciendo que la transparencia no es un regalo de parte de la clase política...
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