Adela Ramírez
Era 1975 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el Año Internacional de la Mujer, medio siglo después encontramos personajes clave en esa lucha donde las mujeres han roto barreras y después de décadas se han convertido en “las primeras” en llegar a metas, que eran exclusivas para los hombres, una de ellas, Blanca Alcalá, quien fue la primera presidenta municipal de Puebla a pesar de todas las barreras que tuvo que romper.
Es en la intimidad de su biblioteca, con libros de política, arte, historia, género, parte de su gran cultura general, donde escribe y reflexiona, que nos narra esa lucha permanente con cambios políticos en la que ha participado durante más de cuarenta años.
Blanca Alcalá llegó hace 18 años a la presidencia municipal de Puebla en un momento en el que los propios policías dudaron de su capacidad, puesto que en lugar de pasar una revista seria le entregan un ramo de flores. En tanto, las mujeres policías no contaban ni con regaderas exclusivas.
Tras ganar una campaña electoral en la que inició con una desventaja de veinte puntos, y logró remontar, en su administración de 2008 a 2011, la capital del estado se convierte en el segundo municipio más seguro del país con una estrategia integral de persecución y disuasión de los delitos, los poblanos caminaron las calles no solo del Centro Histórico sino de la periferia con seguridad.
“Al final del día los policías son quienes se la juegan por nosotros los ciudadanos… era un parteaguas en los temas de seguridad, se debatía desde tener mayor rigor con los exámenes de control de confianza y por primera vez tuvimos una Academia propia… logramos que Puebla se convirtiera en la segunda ciudad más segura del país”, destaca.
Para Blanca Alcalá en la política los errores de ellas se castigan más que los cometidos por hombres.
“Si un hombre se equivoca normalmente dicen: bueno es de humano tuvo un error, pero, si una mujer se equivoca dicen: ya ves no estaba preparada, es mujer. Eso exigía que tuviera que prepararme con mayor rigor que mis homólogos y hacer equipo con el resto de los funcionarios”, reconoce.
Durante su paso por la Secretaría de Finanzas de Puebla tuvo la oportunidad de escuchar sin intermediarios las demandas y preocupaciones de jefas de familia que, como ella, aprendieron a lidiar con la culpa que casi nunca se menciona. La culpa de no estar lo suficiente en casa cuando se trabaja demasiado. La culpa de sentir que el trabajo las reclama mientras la familia las necesita.
Para la experimentada política hay que saber cerrar ciclos, por ello después de 45 años al darse cuenta de que el partido en el que militó cambió su rumbo, ella tenía que mirar a otro horizonte sabiendo que su lucha permitió que ahora se tipifique la violencia política en razón de género.
“Para mi la política ha sido resultado de mi formación… y soy una demócrata, por convicción y por formación, hoy más que nunca estoy convencida que las y los mexicanos necesitamos luchar por seguir viviendo en un país democrático ¿qué significa un país democrático? Un país en donde efectivamente la división de poderes sea una realidad para evitar los excesos de algunos de ellos”, detalla.
Alcalá reconoce que el partido donde militó hizo estos aportes importantes para conformar el sistema democrático en el que hoy vivimos.
Destaca, además, la pluralidad como base de esta democracia, pero, también el riesgo de volver al pasado, por ello insistió en que tuvo que hacer un cambio en su rumbo político para defender los derechos de las y los mexicanos.
La exdiplomática asegura irse agradecida y satisfecha por la lucha que sostuvo en las filas del tricolor, en la que ganó casi todas las batallas con excepción del proceso para llegar a la gubernatura, donde hubo una elección de estado, que tuvo enfrentar.
Para ella, la política es una ciencia que exige conocimiento y preparación en favor del servicio público.
Fue su hija Karina Romero quien ha tenido trayectoria propia con un doble esfuerzo para poder figurar en diversas áreas de la política, pero, con orgullo Blanca Alcalá señaló que ha cumplido y es respaldada por la sociedad.
En el marco del 8M, cuando miles de mujeres salen a las calles para exigir igualdad y reconocimiento, la política llamó a realizar un análisis más cuidadoso de la paridad descriptiva, sustantiva y simbólica en el ámbito político y social, así como dejar atrás el regateo de la autoridad y poder de la mujer tal como ocurre incluso con la presidenta de México, de quien señalan las decisiones que ha tomado provienen desde Palenque.
Finalmente, Blanca Alcalá pide revalorar el papel de la política, esa que —para bien o para mal— termina por definir la vida cotidiana de las y los ciudadanos. La conversación regresa entonces a lo esencial: la familia. Recuerda el esfuerzo de su madre para sacar adelante a cinco hijos, el origen de una historia que, quizá sin saberlo, sembró en ella la idea del servicio público. De más de treinta nietos, fue la única que siguió los pasos de su abuelo en la política.
Hay trayectorias que se cuentan en cargos y otras que se explican en decisiones. La de Blanca Alcalá Ruiz pertenece a estas últimas. Su historia no sólo habla de una mujer que llegó primero, sino de todas las puertas que tuvo que empujar para hacerlo.
Porque durante décadas, la política fue un territorio donde a las mujeres se les pidió demostrar el doble para ocupar apenas la mitad del espacio. Y, aun así, muchas avanzaron.
Hoy, en un tiempo en el que miles de mujeres toman las calles cada 8 de marzo para exigir igualdad, memoria y justicia, historias como la de Blanca Alcalá recuerdan algo esencial: cada mujer que rompe un techo no sólo cambia su destino, también ensancha el camino para las que vienen detrás.
Y ese, quizás, sea el verdadero poder de una carrera política: no sólo gobernar un momento, sino abrir una posibilidad para el futuro.






Discussion about this post