Puebla, Puebla.
A pesar de que el Partido del Trabajo formó parte de la extinta coalición “Juntos Haremos Historia”, que enarboló los principios de la llamada Cuarta Transformación —no mentir, no robar y no traicionar— y cuyo discurso ha sido combatir privilegios, corrupción y nepotismo, hoy esos mismos postulados parecen quedar en el discurso. El caso de la senadora Liz Sánchez exhibe una clara contradicción: intenta posicionar a su hermana en un cargo de elección popular a toda costa.
El nepotismo, práctica que ha sido públicamente condenada por la presidenta Claudia Sheinbaum, parece no ser obstáculo para la legisladora, quien desde su posición en el Senado estaría operando políticamente para beneficiar a un familiar directo.
La senadora, además, ha sido señalada por sus propios compañeros como una figura que ha roto acuerdos políticos, particularmente tras votar en contra de iniciativas impulsadas desde el Ejecutivo federal. Entre ellas, propuestas relacionadas con limitar la herencia de cargos públicos, reducir el financiamiento a partidos y ajustar el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral (INE). Hoy, su actuar parece confirmar una incongruencia evidente entre su discurso y sus acciones.
Desde hace meses, el nombre de Karen Sánchez ha comenzado a circular en el ámbito político local sin contar con una trayectoria sólida ni trabajo político comprobable. Aun así, desde estructuras del partido en San Martín Texmelucan se impulsa su posible candidatura a la diputación local por el distrito 5, e incluso se le menciona como aspirante a la presidencia municipal.
En un intento por construir presencia territorial de manera acelerada, Karen Sánchez ha recurrido a la entrega de apoyos como tanques de agua y calentadores solares en comunidades y juntas auxiliares del distrito con cabecera en San Martín Texmelucan. Estas acciones, lejos de representar una política social estructurada, han sido señaladas como mecanismos clientelares para conformar una base de beneficiarios con fines electorales.
El intento de imponer perfiles sin arraigo ni mérito propio no solo evidencia prácticas que se suponían erradicadas, sino que confirma que, para algunos actores políticos, el poder sigue siendo un asunto familiar, es decir, que su palabra socialmente está siendo mal vista, por el uso del poder, para benéfico personal.






