Columna

Alito y su discurso de odio hacia el periodismo

 

Adrián Salazar 

Luego de que saliera a la luz pública un audio en el que presuntamente Alejandro Moreno Cárdenas, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, afirma que “a los periodistas no hay que matarlos a balazos, sino de hambre”, este, lo único que había hecho para “defenderse” fue salir a denunciar la puesta en marcha de lo que llamó una “campaña de desprestigio” orquestada por el gobierno federal y Morena. 

    Ahora, el líder priista señala que el material auditivo -que se filtró la semana pasada y por el que presentó denuncias ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y la Fiscalía General de la República (FGR)-, “no es auténtico y presenta indicios de alteración y modificación”. ¿No le recuerda al famoso “si es mi voz, pero no soy yo”? También de un priista, por cierto. 

    Sin embargo, en ninguna de las dos acciones de “Alito”, líder nacional del tricolor, ha desmentido categórica y puntualmente dicho comentario sobre el asesinar a los periodistas, situación que, aunque él prefiera un método distinto, es una realidad innegable y que se ha acentuado en esta administración de López Obrador.  

    Mientras unos sugieren formas distintas de asesinar a periodistas, hay quienes utilizan todas y cada una de las tribunas posibles para denunciar estas acciones criminales, como el caso de la fotógrafa, Sáshenka Gutiérrez en los Premios Ortega y Gasset.

La fotógrafa que recibió el premio el Premio Ortega y Gasset a la mejor fotografía subió al estrado para recibir un reconocimiento por su trabajo y aprovechó a ocasión para hablar sobre la situación trágica que está viviendo México con sus periodistas. “Quisiera dedicar este reconocimiento a las y los periodistas que han perdido la vida por defender la libertad de expresión”.

De acuerdo con Nashieli Ramírez Hernández, presidenta de la Federación Mexicana de Organismos Públicos de Derechos Humanos, el asesinato de 156 periodistas del 2000 a la fecha, de los cuales 11 han sido este año, son una “referencia alarmante” que tiene repercusiones negativas porque “impacta a la democracia al sepultar la libertad de expresión, pluralidad informativa, acceso a la información, transparencia y gobernanza”.

    De acuerdo con este organismo, las agresiones más comunes que enfrentan los periodistas son las amenazas, además del robo de equipo de cómputo, allanamiento de oficinas y domicilio; Veracruz, Oaxaca, el Estado de México, Guerrero, Sonora y Michoacán son las entidades que “lideran los ataques fatales hacia periodistas”.

Sin embargo, mientras, por un lado, la oficialidad llama a cumplir con las obligaciones como la prevención, el abatimiento de la impunidad en los crímenes, el acceso a la justicia y la erradicación de los discursos de odio, por el otro, dichos discursos permanecen en el día a día de las cúpulas partidistas como pretendiendo normalizarlo. 

Es en este contexto, según me parece, más allá de si fue o no espionaje, de si el audio fue o no manipulado, que los comentarios del líder nacional del Revolucionario Institucional desnudan su falsa empatía hacia las familias de las víctimas y dibujan de cuerpo entero su cinismo y estrecha capacidad de raciocinio al utilizar ese tipo de discurso de odio durante un escenario donde el gremio periodístico pide a gritos que las autoridades tomen cartas en el asunto para resolver los crímenes, castigar a los culpables y evitar más asesinatos.

Deja ver también, el respeto que este partido tiene por la vida de sus semejantes, quienes, mediante un trabajo mal remunerado pero honrado, buscan ganarse la vida diaria. Esto debería no sólo tocarse como un tema personal, sino que el propio Partido Revolucionario Institucional debiera hacer una introspección y valorar la calidad moral de sus más altos cuadros porque este tipo de comentarios dichos en lo “privado” repercuten en lo público y pueden hundir al partido… aún más. 

Leave a Comment

Your email address will not be published.

You may also like