Columna

“No hay muertos”

CAUSA Y EFECTO

Por José Antonio de la Vega Moreno

Hagamos retrospectiva.

San José de Gracia, Michoacán.

La desgracia de AMLO.

Imagínense a la corrupta administración del ex presidente de la república, Enrique Peña Nieto, si hubiera mencionado “No se encontró ningún cuerpo de los 43 normalistas de Ayotzinapa”.

No hay masacres.

No hay casa blanca.

No hay corrupción.

Qué hubiera pasado.

El actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, qué hubiera mencionado.

Hoy con el poder en sus manos, el tabasqueño asegura que no hay masacres, no hay casa gris, no hay corrupción.

Aunque esas tres situaciones, se asemejen o de algún modo superen los hechos violentos de administraciones pasadas, Andrés Manuel López Obrador, no sale del atolladero.

Gana popularidad, pero pierde en evaluación en corrupción, inseguridad, salud, desarrollo social.

Pobre México.

Andrés Manuel López Obrador, no ve muertos.

La mayoría de mexicanos no vemos presidente de la república.

Quién sigue

Marcada y señalada siempre la actitud irregular del ahora ex secretario de Movilidad y Transportes, Guillermo Arechiga Santamaría, hoy en franca desgracia, tendrá que defenderse de lo indefendible.

La mano de la legalidad, lo alcanzó.

Nunca modernizó el transporte, nunca la vigilancia estuvo tan olvidada en las unidades, que en su periodo, además, del inevitable tráfico de influencias.

Francisco Romero ex Auditor Superior del Estado, también fue alcanzado por el pulpo de la legalidad.

Dos hombres que entraron con sus blasónes puestos en la administración barbosista, les fueron arrancados por su actuación irregular al frente de sus funciones.

Sus procesos serán paralelos. 

Su pena, es la misma, el escarnio público y su debacle política-administrativa.

Acá vale la pena preguntar, quién sigue.

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