Columna

El carácter inquisidor de AMLO  

Adrián Salazar 

Sin duda alguna, habrá quienes apoyen la postura del presidente de la República Mexicana, López Obrador, en su actuar contra el periodista Loret de Mola; por su parte, este, también tiene a quienes se suman a su bando a la hora de hacer críticas al gobierno de Andrés Manuel. Sin embargo, dada la escalada en ese conflicto, habría que analizar el verdadero problema y peligro que conlleva el actuar de uno o de otro. 

    Recordemos que el motivo que desató la furia del titular del ejecutivo fue la revelación periodística de la lujosa vida de su hijo José Ramón López Beltrán y el posible conflicto de interés por la denominada “Casa Gris” que habitó por dos años en Houston, la cual es propiedad de un alto ejecutivo de la empresa texana Baker Hugues, contratista de Pemex.

    Todos los funcionarios, en los distintos niveles de gobierno deben aceptar la crítica y los señalamientos. En caso de no estar de acuerdo, de ser necesaria una aclaración o simplemente en caso de querer dar su versión de los hechos, pueden hacerlo con total y plena libertad, incluso en el mismo medio donde se hayan sentido difamados o calumniados, ya sea con dolo o involuntariamente.

    Pero eso no pasó. La respuesta del presidente fue más allá. Haciendo uso de la tribuna presidencial, exhibió una lista con los supuestos ingresos de Carlos Loret para descalificarlo y desacreditarlo ante las críticas hechas a su gobierno. Lejos de hacer claridad sobre algún punto del tema, este se refugió en su ya tan desgastado recurso de descalificativos como “mercenarios”, “conservadores”, “vendidos”, “la mafia del poder”, “golpeadores”, los cuales no refutan en nada el trabajo periodístico señalado, en cambio, si desenmascara el verdadero rostro del actual gobierno federal, y no es la primera vez. 

    AMLO demostró públicamente cómo ejerce el poder. Hizo gala de su figura presidencial para instruir a diferentes entes públicos sobrepasar sus funciones en aras de denostar y agredir a quién lo acusó de permitir que haya corrupción en su gobierno, principalmente en su círculo más cercano que es su familia, situación que puede traducirse como un ataque directo y una violación de varios artículos de las leyes y de la Constitución que protegen el derecho a la intimidad y la privacidad de todos los ciudadanos.

    Para Andrés Manuel es muy fácil abusar flagrante y públicamente de su investidura presidencial sin que haya consecuencia por ello, pues utiliza su cargo, su poder e información de instituciones como el SAT y la Secretaría de Hacienda para exponer públicamente a un ciudadano como un vil acto de venganza por incomodar al señor presidente. 

    Más allá de si el reportaje de Loret de Mola aporta pruebas suficientes o no, lo verdaderamente peligroso en este caso es el actuar del presidente de México, quien no tolera la más mínima critica o cuestionamiento a su gobierno y, a quien se atreve hacerlo, se le va encima la represión oficial. Se puede decir que este gobierno de “izquierda” ha institucionalizado la consigna de atacar a todo aquel que no se someta a su yugo, no importa si es periodista, ciudadano u opositor político. 

    En este contexto, diferentes organizaciones, periodistas, medios informativos, comunicadores, entre otros, han levantado la voz por tan descarado abuso de poder del presidente en contra del periodismo, sector que, es duramente agredido y atacado. Justamente en este año han ejecutado a cinco periodistas, y 30 durante su gobierno, más que en sexenios anteriores. Esto nos sirve de parámetro para darnos cuenta del carácter inquisidor con que AMLO utiliza la tribuna presidencial. 

    Los periodistas no son el primer sector social atacado; bien valdría la pena recapitular y hacer el recuento de todos los sectores que han sido agredidos y vituperados desde la tribuna presidencial para provocar el linchamiento mediático y unir fuerzas en contra del grosero abuso de poder del titular del ejecutivo. No vaya a pasar lo que dijo el poeta Martin Niemöller: “cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

Leave a Comment

Your email address will not be published.

You may also like