Por: Erick García

El Covid-19, ya conocido popularmente como Coronavirus, sigue haciendo estragos en el mundo entero, en el caso de México supera los 125 mil enfermos y llevamos ya casi 15 mil defunciones. Pero los datos siguen cambiando porque las cifras siguen aumentando. En esta plena “nueva normalidad”, un estudio reciente de reconocidos académicos de la UNAM, prevé el pico del contagio a finales de junio, es decir, con un total de contagiados que se acercará a un millón 260 mil personas, escenario calculado mediante un modelo epidemiológico alimentado con los datos oficiales proporcionados por el Gobierno federal, a lo que concluimos que no hay seriedad por el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, en informarle a los mexicanos de manera consciente y oportuna.

Las condiciones no están para esconder las cifras. Después del cierre de la economía no esencial durante abril y mayo, el gobierno mexicano activó este 1 de junio un semáforo de cuatro colores, que determinará semanalmente el riesgo de contagios y orientará a los gobiernos estatales sobre cómo reabrir sus economías, y en ese mismo día de manera oficial se confirmó que se daba por terminada la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia decretada por el Gobierno federal y se anunció la reanudación de actividades laborales para ir logrando la recuperación económica de nuestro país, en efecto en el caso de Puebla no fue la excepción, empieza la normalidad, la gente que estaba encuartelada poco a poco empieza a salir a las calles a realizar sus actividades cotidianas sin desconocer y temer una segunda oleada de contagios.

Claro está que, ante la terrible necesidad de recursos económicos para alimentar a sus familias, millones de mexicanos regresaron a laborar, aun sabiendo que el riesgo de contagiarse es mayor, para algunos quienes corrieron con suerte en que los contraten, tendrán un sustento para medianamente salvaguardar económicamente a sus familias en lo que el proceso de la normalidad cobra vida, pero para la gente más vulnerable a ellos quienes están padeciendo de lo más indispensable, ¿quién dice algo? Pues es responsabilidad del gobierno velar por el bienestar, que por algo dijeron “primero los pobres”.

Si los gobiernos tuvieran preocupación en saber cómo vive la gente, en cómo se la están pasando en esta cuarentena, sabrían que las cosas no están muy bien, pues el clamor de los pobres está en lo último, muchas familias se están muriendo de hambre, el virus del hambre mata a 3.1 millones de niños al año, 8,500 al día y la medicina existe, se llama comida, pero esto no sale en las portadas de la prensa porque el hambre no mata a los ricos, para ellos quedarse en casa es tan natural pues están en condiciones de aguantar meses encerrados, no para todos nos cayó como anillo al dedo esta pandemia.

Mientras tanto el presidente de la República se proclama en decir que sí hay apoyos para este sector de la población, pues a través de sus programas asistencialistas, sólo ha beneficiado a 22 millones de mexicanos, menos de la mitad de los casi 100 millones de personas pobres que hay en el país. La pregunta es: ¿y para los 78 millones restantes qué? ¿Acaso son programas de asistencialismo clientelar?

Cada uno sacará sus conclusiones, pero del sector faltante tienen también necesidades como por ejemplo alimentar a sus familias, tienen que pagar la luz, el agua, comprar alimentos, ver incluso por su salud, así como la internet para sus hijos que están estudiando a distancia, etc. Sin embargo, dentro de las nuevas indicaciones, no escuchamos cuando menos por error del gobierno que se pronuncie en cómo resolverá la situación de miseria que arrasó la pandemia, en las redes sociales en el que han comparado esta enfermedad del coronavirus con la incidencia que tiene el hambre, “o te mata el coronavirus o te mata el hambre”, no cabe duda que la incidencia del hambre es superior a la del Coronavirus en número de víctimas, pero de esto nadie habla, nadie se pronuncia, se habla del efecto y no en las consecuencias, y una de ella es el hambre pero lo curioso es que en este si hay cura, sólo que no hay medidas implementadas por el gobierno que garanticen solucionar ante este mal social.

Pues vemos la indiferencia de los gobernantes con la máscara de Morena: cero soluciones a las demandas de los pobres, pero sí represión a quienes les protestan, tal el caso reciente de Huejotzingo; y es que ante esta crisis económica que viven miles de familias acudieron a solicitar despensas y lo único que recibieron fue una paliza por la fuerza pública municipal, así en varios lugares donde ellos gobiernan esa es la respuesta que la gente recibe, por ello no podemos tardar en reflexionar que la situación nos está tocando vivir, es muy cruel y que la debemos de cambiar.

Tampoco se puede dejar en el olvido que los gobernantes de Morena ganaron con el voto popular, ya es hora de que ese mismo voto masivo saque a estos gobiernos, es el momento idóneo de los 78 millones de pobres que siguen olvidados por estos gobiernos ineptos, por ello, es necesario crear un frente común que esté dispuesto a encarar a Morena en las próximas elecciones, de no ser así, la misma historia algún día se los reclamará. Que conste.

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