Entre Periodistas

Por Andrés A. Solis*

El año de 1994 es quizá uno de los más convulsos en la historia de México. Fue el año del levantamiento zapatista, del asesinato del candidato presidencial del PRI y también el asesinato del secretario general de ese partido.

Fue el año en que intentaron asesinar al candidato a gobernador de Chiapas; el año del “error de diciembre” que sumió al país en una terrible crisis económica que aún hoy sigue cobrando facturas. Fue hasta el terrible año de la tragedia de los penales en el mundial de futbol que se jugó en Estados Unidos.

Pero ese año tuvo también hechos positivos y uno de ellos fue el nacimiento del suplemento “Letra S”, que se publicó inicialmente en el extinto periódico propiedad del gobierno El Nacional y que años después se publicó en La Jornada y en 1998 se convirtió en la agencia de noticias Notiese.

“Letra S” fue consecuencia del trabajo de periodistas y activistas encabezados por Alejandro Brito y Arturo Díaz Betancourt, quienes ya venían trabajando años atrás en campañas informativas sobre el VIH y Sida.

Este equipo se convirtió en un medio especializado en VIH, pero también en hacer periodismo desde la visión de un grupo históricamente violentado y vulnerado, que es la comunidad LGBTTTIQ+.

Notiese ha logrado poner en la agenda pública temas que antes ni siquiera se mencionaban, porque eran “temas de maricas”.

El periodismo LGBTTTIQ+ ha ido avanzando en el país, poco a poco y aunque hay pocos medios consolidados que tengan una agenda desde la diversidad sexual, si se han convertido en espacios donde muchas personas pueden encontrar noticias vistas desde una perspectiva similar a la suya.

Como ha sucedido con otros grupos en situación de vulnerabilidad, la cobertura periodística sobre la diversidad sexual se ha basado en estereotipos, en formas de discriminación y de violencia hacia esas otredades.

Los medios se referían a la comunidad homosexual en forma ofensiva y sólo se publicaban noticias sobre este sector de la población cuando se trataba de hechos violentos y sólo en las secciones policiacas. El primer tratamiento informativo sobre la pandemia por VIH se encargó de culpar a la comunidad gay.

Pero la realidad no ha cambiado lo suficiente, pese al avance en materia de derechos humanos de la población LGBTTTIQ+.

La prensa convencional sigue excluyendo información sobre esta comunidad tan diversa y cuando llega a publicar algo sigue siendo desde una visión heterosexual, aún discriminatoria y reproduciendo estereotipos o bien con un tratamiento morboso y de burla.

Los medios han dejado de prestar atención suficiente y hoy más necesaria que nunca al tema del VIH que no es exclusivo de la comunidad, pero si es el sector que más ha trabajado por contener contagios, enfermedades y muerte, ante la ausencia también de una política de salud publica en esta materia.

Los medios evitar tener a alguna persona gay en sus redacciones y si hay periodistas gay, no llegan a cargos directivos por los prejuicios. Han llegado, me consta y son colegas a quienes admiro por su profesionalismo, pero pocas veces les dejar incidir en una visión menos heterosexual en el tratamiento de las noticias.

En pocas palabras. El periodismo mexicano, además de misógino y machista, también es homófobo, lesbófobo y en general violento hacia la comunidad de la diversidad sexual.

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