Todos sabemos que en México pasan cosas extraordinarias que en ninguna otra parte del mundo ocurren. Desde lo más irrelevante como colocar – por tradición- la caja de cereal arriba del refrigerador; pre candidatos acusados de violación sexual a la gubernatura de Guerrero y personas de la tercera edad durmiendo en la calle durante dos días por recibir una vacuna contra la Covid-19.

Así es estimados lectores, el  México surrealista  existe y no sólo es posible contemplarlo en las pinturas de la gran Leonora Carrington, también podemos observarlo en la cotidianidad de nuestras vidas y tristemente en el comportamiento de los mexicanos durante este pandemia.

Me queda claro que jamás hemos sido un país que destaque por organizado, pero lo que ha ocurrido con el proceso de vacunación en distintas ciudades del país superó nuestro propio récord como sociedad.

Un claro ejemplo es  el Estado de México, donde miles de adultos mayores decidieron arriesgar, sí, ARRIESGAR su vida por recibir la vacuna que les permitirá evitar contagiarse de Covid-19. Las personas decidieron dormir en las calles, sin respetar la sana distancia y exponer su salud ante  las bajas temperaturas para ser de los pocas personas que recibirían dicha vacuna.

Lo mismo sucedió en San Andrés Cholula, donde miles de adultos mayores se dieron cita el pasado 24 de febrero, sin tener la menor idea de cómo sería el proceso de vacunación; el caos, la desinformación, los empujones, fueron quienes dirigieron este proceso.

¿Qué si es culpa de los gobiernos?, claro que lo es, ¿Qué el mexicano siempre saca ventaja cuando no existen reglas claras?, también es cierto. Para no variar, echemos un vistazo a nuestros  vecinos del norte, allá vacunan diariamente a 1.5 millones de personas, mientras  que en México se vacunan aproximadamente a 94 mil personas por día. Mientras en Estados Unidos ya vacunaron al 10% de la población, aquí se estima que se necesitan  más de 8 años para que toda la población mexicana sea vacunada.

Pero más allá de la estadística y los números, el proceso no sólo exhibe  la falta de coordinación y capacidad de muchos gobiernos en su mayoría municipales – del color que quieran-, pues no han podido responder a la expectativa de los ciudadanos ante su desesperación por recibir la vacuna.

Esta vez me gustaría decirles que todo esto es culpa de los políticos, pero  lamento decirlo que no es así. Durante estos días hemos sido testigos de la individualidad con la que estamos enfrentando esta pandemia: Primero yo, después yo y hasta el último yo, trágicamente así lo razonamos.

No existe un espíritu colectivo, ni mucho menos un sentido de solidaridad, nos vale madre la salud del vecino o vecina, aquí se vive  la ley del más fuerte.

Es urgente vacunarnos, ¡pero contra la estupidez! quizá después de esto  tengamos el sentido común para decidir si es correcto o no  que nuestro abuelita -mayor de 60 años – pase una noche acostada en la calle.

Antes de matar al Covid-19, eliminemos esta maldita invidualidad con la que estamos enfrentando la pandemia. Comencemos por aceptar que nada será igual después de esto, hemos perdido seres queridos, varios proyectos se han caído y salir de compras  ya no es lo mismo, ¡aceptémoslo y ya!

Ya para terminar y aunque parezca ‘spot’, antes de salir por la vacuna, infórmate, confirma la información, consulta fuentes oficiales, mantente al tanto de los medios de comunicación locales. El proceso de vacunación no será fácil, tómalo con calma.

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