Recientemente hemos sido testigos de una de las peleas institucionales más grandes de la historia.

Todo comenzó cuando el Partido de la Revolución Democrática (PRD) presentó una solicitud de medidas cautelares ante el Instituto Nacional Electoral (INE) por la posible violación ─por parte de López Obrador─ a los artículos 41 y 134 de la constitución, los cuales están relacionados con la propaganda gubernamental en periodos electorales. Es decir, el partido del sol azteca exige que el presidente de México deje de hablar de política, partidos y candidatos en las “mañaneras”.

El INE tomó cartas en el asunto y en sesión extraordinaria, con nueve votos a favor, aprobó el acuerdo que limita a la cabeza del ejecutivo nacional para abordar cualquier tema relacionado con las elecciones, partidos políticos, coaliciones o candidatos.

De inmediato comenzaron las reacciones: que si es un acto de censura, que si el INE está aliado con la mafia del poder o que si esto es un tema personal entre el presidente del INE, Lorenzo Córdova, y Andrés Manuel.

Lo cierto es que las mañaneras se han convertido en la plataforma política más grande de este país. López Obrador encontró en ellas la manera de revolucionar la comunicación política, marcar agenda y establecer la conversación digital todos los días.
Hoy la oposición se encuentra visiblemente dos pasos atrás. Cualquier marcha y cualquier coalición son minimizadas y menospreciadas a la mañana siguiente, porque nadie ha podido descifrar como darle la vuelta al poder de las mañaneras.

Después de dos años de gobierno de López Obrador, ¿te imaginas un México sin mañaneras? ¿qué sería del ejecutivo nacional sin esta fuente de energía que parece inagotable y además autosustentable, gracias a las fallidas acciones de los detractores?
Aunque parezca increíble, las ya más de 520 conferencias llevadas a cabo desde Palacio Nacional han modificado la manera de hacer política, de gobernar, de hacer periodismo e incluso, me atrevería a decir que es tanto su poder que después de este sexenio la idiosincrasia de los mexicanos cambiará radicalmente.

Por otro lado, los futuros gobernantes han conocido una nueva forma de ‘control mediático’ que, si bien no impone el tono de comunicación, sí marca la agenda periodística nacional, día tras día. ¡Nada más!

Las cosas serán muy distintas en este proceso electoral de 2021, ya que después de 12 años por primera vez Andrés Manuel no aparecerá en la boleta electoral. Sin embargo, será, a consideración de muchos, el gran opositor que tiene a la vez la encomienda de sumar a la imparcialidad y transparencia de los comicios o al menos de no estorbar, una tarea nada sencilla para un mandatario al que le gusta opinar de todo, aunque no le pregunten.
Por otro lado, el viejo régimen tendrá que luchar contra los fervientes de la 4T, en un escenario donde ninguno de los grupos llega con un líder partidista que rompa paradigmas y detone la información. Escasos de ideas y con una estrategia completamente agresiva, tendremos unas elecciones atípicas, donde los buenos eran los malos y los malos ahora son los buenos. Al tiempo.

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